sábado, 5 de enero de 2013

Documentación: Disciplina Científica.


La Documentación entendida como disciplina científica, debe buscar las causas
últimas de la comunicación de la ciencia en los procesos que posibiliten la transmisión de los conocimientos, para convertirse de este modo, en la base de nuevos conocimientos, lo cual le permite situarse por un lado, en el ámbito espectral de la Ciencia de la Ciencia y por otro, dentro de las ciencias informativas al intentar establecer la mayor perfección del proceso de la comunicación de ideas en un campo del saber determinado.

Las Ciencias de la Documentación, como todas las ciencias, deben dedicar parte de su conexión con otras ciencias con las cuales guardan una relación de interdependencia.

Como ciencia tiene que hacer hincapié en la investigación, circulación y contenido de la información científica, mientras que como técnica tendrá que diseñar y utilizar sistemas, vehículos y herramientas que resuelvan los problemas de acceso y control de los documentos.
La importancia que ha adquirido la documentación como ciencia está estrechamente ligada a la explosión que la información ha experimentado en los últimos años, y que tiene su máximo exponente en las nuevas tecnologías, especialmente desde la aparición de la red de redes, Internet.
Vivimos en la sociedad de la información, y quien posea la tecnología y el dominio para explotar esa información podrá producir más y, en consecuencia, ser más competitivo. Para poder explotar de forma óptima esta información, las organizaciones tanto públicas como privadas, son cada vez más conscientes de que necesitan “gestores de la información”, personas especializadas y profesionales en la materia, y es aquí donde entra en juego el documentalista.

Cada día se impone con más fuerza la necesidad de contar con profesionales
de la información para la gestión documental. El problema se plantea cuando estas instituciones son incapaces, la mayoría de las veces, de programar la contratación fija de estos profesionales, y recurren con asiduidad a la creación de contratos temporales, enmascarados la mayoría de las veces bajo la denominación de becas. Esto ha dado lugar al nacimiento de una nueva figura profesional: el becario.

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